miércoles, 23 de enero de 2008

El Problema de la Inducción y la Falsación como respuesta. Karl Popper.

Las Ciencias Empíricas consideran la experiencia como la única fuente posible de conocimiento, e intentan fundamentar la validez de los juicios universales, mediante la Inducción. Para el filósofo Karl Popper, dichas ciencias “pueden caracterizarse por el hecho de que emplean los llamados Métodos Inductivos; según esta tesis, la lógica de la investigación científica sería idéntica a la lógica inductiva, es decir, al análisis lógico de tales métodos inductivos”.[1]
Una inferencia recibe el nombre de “inductiva” cuando pasa de enunciados singulares (o “particulares”), como lo son las descripciones de los resultados de observaciones o experimentos, a enunciados universales, como hipótesis o teorías. La inducción intenta obtener de los casos particulares observados una ley general que también sea válida para casos no observados; a su dominio pertenecen las leyes de las ciencias naturales y de la sicología empírica.
A tal concepción es a la que Popper se opondrá en el capítulo I de su texto llamado “La Lógica de la Investigación Científica”[2], tomando como principio al llamado “Problema de la Inducción”.
La investigación popperiana parte de una profunda crítica al Positivismo Lógico, la cual tiene dos fundamentos: La ciencia no empieza en la observación directa sino en las teorías, ya que la primera sólo servirá para comprobar cosas; la observación de la realidad no sirve para verificar leyes o teorías que puedan convertirse en verdaderas, debido que para él la verdad es imposible de conseguir.
Popper encontró dentro del positivismo una severa falencia lógica puesto que no es posible generalizar la certeza del conocimiento obtenido por vía de la observación sensorial dado que las inferencias inductivas no tienen obligatoriedad ni universalidad, porque están impedidas de concluir algo acerca de todos los casos basándose en una serie finita de casos.
“Se conoce con el nombre de “Problema de la Inducción” la cuestión acerca de si están justificadas las inferencias inductivas, o de bajo qué condiciones lo están”[3]
Este problema ha sido formulado de diversas maneras. A veces se lo plantea bajo la denominación de “Problema de Hume”, pero en manos de Popper, el problema de la inducción puede formularse, como la cuestión sobre cómo es posible establecer la verdad de los enunciados universales basados en la experiencia.
Los empiristas creen que la verdad de los enunciados universales, se sabe por experiencia, cosa que para Popper es imposible, ya que aquellos resultados que se dan en base a una experiencia, sólo pueden ser tomados como enunciados singulares, y nunca como universales.
Es por ello que el que afirma que sabemos por experiencia la verdad de un enunciado universal quiere decir que la verdad de dicho enunciado puede reducirse, a la verdad de otros enunciados singulares que son verdaderos según observamos a través de nuestra experiencia; vale decir que estos se basan en inferencias inductivas. “Así pues, la pregunta acerca de si hay leyes naturales cuya verdad nos conste, viene a ser otro modo de preguntar si las inferencias inductivas están justificadas lógicamente” [4]
El principio de inducción no puede ser una verdad puramente lógica, como un enunciado analítico, por lo que Popper afirmará que si existiera un principio de inducción puramente lógico, no habría problema de la inducción; ya que si fuera así, entonces se daría la posibilidad de considerar todas las inferencias inductivas como transformaciones puramente lógicas, cosa que ocurre con las inferencias de la lógica deductiva. Por lo tanto, el principio de inducción tiene que ser un enunciado sintético: esto es, uno cuya negación no sea contradictoria, sino lógicamente posible.
Es por ello que desde un punto de vista lógico, no resultará que estemos justificados al inferir enunciados universales partiendo de enunciados singulares, aunque su número resulte ser elevado; ya que “cualquier conclusión que saquemos de este modo corre siempre el riesgo de resultar un día falsa: así, cualquiera que sea el número de cisnes blancos que hayamos observado, no está justificada la conclusión de que todos los cisnes sean blancos”[5]
Popper mantenía que la inferencia inductiva sólo es un hábito de formación, ya que ésta al haber visto muchos cisnes blancos, de3 modo tácito aplica una regla de “generalización” y supone que el próximo cisne que encontremos será también blanco, por lo que afirma que “ es superfluo todo principio de inducción, y que lleva forzosamente a incoherencias (incompatibilidades) lógicas”[6], ya que se producen tesis contradictorias que son lógicamente imposibles.
Esto, como es evidente, es contrario a la práctica inferencial de los científicos, ya que como hemos dicho éstos infieren a partir de la observación de entidades de una clase para llegar a la existencia y comportamiento de entidades de una clase muy diferente y a menudo no observable.
Para Popper, los adeptos a la lógica inductiva creen en la idea de la probabilidad, la cual rechazará, ya que “ si ha de asignarse cierto grado de probabilidad a los enunciados que se basan en inferencias inductivas, tal proceder tendrá que justificarse invocando un nuevo principio de inducción, modificado convenientemente”[7], debido a que una lógica de la probabilidad, recae en una regresión infinita, es decir, en una circularidad de la prueba.
Oponiéndose a la lógica inductiva, Popper propondrá un nuevo método, que denominará “Teoría del método deductivo de contrastar”, el cual escogerá y contrastará críticamente las teorías, tomando en cuenta los resultados obtenidos.
Las teorías, de acuerdo con Popper, no son el resultado de la síntesis de numerosas observaciones, sino que son conjeturas creadas por los investigadores para explicar algún problema, lo cual a continuación deberá ponerse a prueba por medio de confrontaciones con la realidad diseñadas para su posible refutación.
El modo de proceder partirá con la presentación provisotia de una nueva idea que aún no ha sido justificada, de la cual se extraen conclusiones por medio de la deducción lógica, para luego compararlas entre si, con la finalidad de encontrar las relaciones lógicas existentes entre ellas.
Uno de los más importantes tipos de contraste será “por medio de la aplicación empírica de las conclusiones que puedan deducirse de ella”[8], el cual tiene la pretensión de ver si las nuevas consecuencias de la teoría darán satisfacción a los requerimientos de la práctica.
Para Popper, este método de contrastar sigue siendo inductivo, ya que utilizan enunciados que ya han sido aceptados para deducir de la teoría a contrastar algunos enunciados singulares que sean fácilmente aplicables. A partir de ellos, se escogen aquellos que no se encuentren en contradicción con la teoría vigente, para posteriormente compararlos con los resultados de las aplicaciones prácticas. “Si las conclusiones singulares resultan ser aceptables, o verificadas, la teoría a que nos referimos ha pasado con éxito las contrastaciones”, en cambio, “si las conclusiones han sido falsadas, esta falsación revela que la teoría de la que se han deducido lógicamente es también falsa”[9]
Es por ello que dentro del sistema popperiano, el criterio que se seguirá no será el de la Verificabilidad, sino el de la Falsabilidad de sistemas.
Una característica esencial de las hipótesis en el esquema popperiano es que deben ser falsables. Las hipótesis son informativas sólo cuando excluyen ciertas situaciones observacionales, actuales o potenciales, pero siempre lógicamente posibles, por tanto, si una hipótesis no es falsable no tiene lugar en la ciencia, en vista de que no hace afirmaciones definidas acerca de algún sector de la realidad.
Todos los enunciados científicos son falsables pero no siempre son falsos, ya que para que sea ciencia deben ser falsables pero no falsos.
Popper planteará la cuestión de justificar ciertas afirmaciones universales del tipo de “Todos los cisnes son negros” o “ Todos los metales se dilatan al ser calentados”, que se refieren a un número indefinido de objetos, los cuales llevan el nombre de “falsables”, que los distingue de aquellos enunciados universales llamados “infalsables”. Se hace esta distinción porque sólo los primeros, los universales falsables, tienen la característica de que si su enunciado es verdadero, entonces es una ley, cosa que no ocurre con los universales infalsables (o accidentales) como el caso de; “si compro un Loto mañana me lo puedo ganar”, ya que está basado en algo muy hipotético. En el caso de los enunciados que no son falsables, como en el ejemplo anterior, o en enunciados como: “las cosas son así” o “ el fútbol es así”, tales enunciados no se pueden desmentir.
La falsabilidad es una característica positiva de las hipóteis que se da en distintos grados cuantitativos, o sea que entre dos hipótesis, la más falsables será la mejor. Resulta entonces que las hipótesis muy falsables son también las que se enuncian con mayor peligro de ser rápidamente eliminadas, pero en caso de resistir las pruebas más rigurosas e implacables, son también las que tienen mayor generalidad y explican un número mayor de situaciones objetivas.
Popper postula que las observaciones no sirven para verificar teorías sino para negar y falsarlas, por lo que el trabajo del científico se desarrolla con la crítica, no con la observación.
Afirmará que su “propuesta está basada en una asimetría entre la verificabilidad y la falsabilidad” la cual “ se deriva de la forma lógica de los enunciados universales”[10], ya que tales enunciados no pueden ser deducidos de enunciados singulares, en cambio si pueden estar en contradicción con ellos; de lo cual se sigue que a partir de inferencias deductivas es posible observar de la verdad de enunciados singulares, la falsedad de enunciados universales.
Podemos decir que de acuerdo con la propuesta popperiana, “lo que caracteriza al método empírico es su manera de exponer a falsación el sistema que ha de contrastarse: justamente de todos los modos imaginables”, siendo su meta “elegir el que comparativamente sea más apto”[11]
Hay que formular hipótesis nuevas que desplacen a las viejas a través de la falsación, ya que para Popper, el hecho de que se pueda falsar es lo que hace que un hecho sea científico. Es por ello que para que la falsación sea aplicable, se debe echar mano a enunciados singulares que puedan ser utilizados como premisas en las inferencia falsadoras.
La demostración de la falsedad de una hipótesis es una deducción lógicamente válida, en vista de que se parte de un enunciado general y se confronta con uno o mas hechos particulares; en cambio, si en esta confrontación la hipótesis que los incluye, lo que no tiene justificación lógica.
Popper ha apostado una respuesta radical al problema de la inducción, una solución que constituye la base de su influyente filosofía de la ciencia. Según su visión, el razonamiento de Hume de que las inferencias son injustificables desde una perspectiva racional es correcto. Sin embargo, esto no amenaza la racionalidad de la ciencia, cuyas inferencias son, aunque parezca lo contrario, deductivas en exclusiva. La idea central de Popper es que mientras la evidencia nunca implique, que una teoría sea verdadera, puede rebatir la teoría suponiendo que sea falsa.
La solución de Popper al problema de la inducción consistió en afirmar, tal como lo hizo Hume, que no se puede justificar la pretensión de que una teoría sea verdadera a partir de cualquier conjunto de enunciados contrastadores (hechos de la práctica, “impresiones” en el lenguaje de Hume), pero sostuvo, a la vez, que suponiendo que los enunciados contrastadores sean verdaderos, basándose en ellos se puede justificar la pretensión de que una teoría sea falsa, es decir, si existe un solo ejemplo práctico que refute una teoría científica, ésta se demuestra falsa. Esto es, da una solución al problema de la inducción por la negativa.







[1] Karl Popper, “La Lógica de la Investigación Científica”, Editorial Técnos, Madrid 1962, Primera Edición, pp.27
[2] El presente ensayo se basa en el capítulo I, “Panorama de algunos problemas fundamentales”
[3] Oc. Karl Popper, pp.27
[4] Oc. Karl Popper, pp.28
[5] Oc. Karl Popper, pp.27
[6] Oc. Karl Popper, pp.28
[7] Oc. Karl Popper, pp.29
[8] Oc. Karl Popper, pp.32
[9] Oc. Karl Popper, pp.33
[10] Oc. Karl Popper, pp.41
[11] Oc. Karl Popper, pp.41

1 comentario:

Camirrakiu dijo...

Interesante. Sin embargo, creo que faltó el detallito de indicar el año de nacimiento y muerte o almenos, decir implicitamente a que mitad de que siglo corresponde.

Me recordó a una de las primeras materias que vi este año en Derecho, sobre el ser y el deber ser (por el cuento del causalismo y la imputabilidad).

Bue' al no posicionarte no das mucho espacio a la dialectica, así que este posteo es más que nada un "hola, pasé por acá, gracias por invitar". :D

Saludox!
Camirrakiu++